Mentalidad Sin LímitesMentalidad Sin Límites


¿Quieres Dedicarte A Acompañar A Otras Personas Y No Sabes Por Dónde Empezar?

Escrito Por: Katherine Giraldo


¿Quieres Dedicarte A Acompañar A Otras Personas Y No Sabes Por Dónde Empezar? | Plenitud Psicológica

Hay un momento que se repite mucho, y probablemente lo reconozcas. Llevas años haciendo bien tu trabajo, la gente se te acerca a contarte cosas, te dicen que sabes escuchar, y en algún punto aparece la idea: podría dedicarme a esto. A acompañar procesos. A ayudar a otras personas a ordenar lo que traen.

Y entonces buscas “formación en coaching” y aparecen doscientas opciones que dicen exactamente lo mismo.

Primero: coaching de vida y modelo ontológico no son lo mismo

Vas a ver los dos términos escritos juntos todo el tiempo, y conviene que sepas distinguirlos porque nombran cosas distintas.

Coaching de vida es el terreno donde vas a trabajar: procesos personales, decisiones, transiciones. Es a lo que la mayoría de la gente se refiere cuando dice que quiere “acompañar a otros”.

El modelo ontológico es el cómo. Nació en Sudamérica, de Fernando Flores y Rafael Echeverría sobre las ideas del biólogo Humberto Maturana, y su premisa es sencilla de decir y difícil de practicar: no vemos el mundo como es, lo vemos como somos. Así que el trabajo no está en resolverle el problema a la persona, sino en acompañarla a mirar desde otro lugar, porque desde otro lugar el problema ya es otro. Y el lenguaje deja de ser una forma de contar lo que pasa: pedir, prometer y declarar son acciones que cambian la realidad de quien las dice.

El problema no es elegir bien: es que nadie te explicó qué mirar

El coaching no tiene colegio profesional. No hay una matrícula obligatoria que separe a quien puede ejercer de quien no. Eso significa dos cosas: que cualquiera puede abrir una escuela, y que la calidad de tu formación va a depender enteramente de a quién le compres.

Lo que el mercado construyó para llenar ese vacío son las organizaciones internacionales que acreditan programas. No acreditan personas: revisan el diseño completo de una formación y le ponen un nivel. La más reconocida es la International Coaching Federation, ICF.

El nivel que importa se llama Level 2, y antes se llamaba ACTP. Para conseguirlo, un programa tiene que demostrar que tiene una cantidad mínima de horas de clase en vivo —no grabadas—, supervisión real de las prácticas de cada estudiante, mentoring individual además del grupal, y una evaluación de competencias en la que alguien te observa coacheando de verdad.

Suena burocrático hasta que llega el día en que quieres tu credencial. Desde un programa Level 2 postulas a la credencial PCC de ICF por vía directa. Desde un programa sin acreditar, tienes que construir el expediente tú misma, acreditando horas de práctica una por una. Los cursos de coaching de vida y ontológico con certificación ICF Level 2están diseñados alrededor de ese objetivo: sus 196 horas están pensadas para que salgas con horas supervisadas que sirvan como respaldo.

Y si además te interesa la PNL

Con la Programación Neurolingüística pasa algo parecido pero más desordenado. Como nació fuera del mundo académico, durante años cada escuela certificó a su manera: mismo nombre, contenidos distintos, duraciones distintas.

La IANLP —la asociación internacional de PNL con sede en Suiza— puso orden ahí. Estableció qué contenidos, cuántas horas y qué criterios de evaluación corresponden a cada nivel: Practitioner, Máster y Trainer. Un certificado emitido bajo ese estándar significa lo mismo en Colombia que en Europa.

El nivel de entrada es Practitioner. Un curso de PNL con certificación internacional IANLP recorre las herramientas centrales —sistemas de representación, meta modelo, creencias limitantes, anclajes, línea del tiempo, rapport— en 130 horas, evaluadas contra los criterios de la asociación suiza.

Cuatro preguntas que te ahorran un año de frustración

Lo último, que es lo más importante

La motivación con la que entras a una formación así casi siempre es personal: una crisis, un cambio, la sensación de que hay algo más. Está perfecto que sea así, y no hay que disimularlo.

Pero un año después la pregunta ya no es esa. Es si lo que estudiaste te habilita a trabajar de eso. Y ahí, la sigla que va al lado del diploma deja de ser un detalle administrativo y pasa a ser lo único que te diferencia de las otras doscientas personas que también terminaron un curso ese mes.