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¿Que Hacer Frente A La Auto-Duda?

Escrito Por: Katherine Giraldo


¿Que Hacer Frente A La Auto-Duda? | Plenitud Psicológica

La duda es una de las más horribles sensaciones que se pueda sentir en la vida, en cualquier momento.

Es estar entre un sí y un no, entre un “lo hago” y un “no lo hago”, entre un “soy capaz” y un “no soy capaz”, etc.

Cuando alguien duda algo, es porque ni siquiera sabe su posición frente a eso, no sabe quién es, ni qué tiene, ni de qué es capaz con eso.

Por ejemplo, si alguien duda de que otra persona dice la verdad, es porque ni siquiera sabe si confía en esa persona, si siquiera le cree o le ha creído antes, no sabe si con aquel individuo ha sido o debe ser desconfiado y prevenido, o por el contrario, sentir la tranquilidad de saber que si él lo dice, es porque así debe ser.

Otra cosa que puede pasar, es dudar por ejemplo de un concepto. A veces sabemos el significado o lo que quiere decir una palabra, sin embargo por momentos esa palabra se nos confunde en la mente con otra de la cual también sabemos su significado, y terminamos dudando de si un concepto es de esta o de aquella palabra.

Personalmente, pienso que dudar es de las cosas más desagradables que se puedan vivir en cualquier situación.

Sobre todo, cuando más desagradable y más irritante es la sensación de dudar, es cuando aparece hacia nosotros mismos.

Esos momentos en los que no sabes si eres capaz de cumplir tus sueños, si eres capaz de ganar el examen, si eres capaz de recordar todo lo que estudiaste, si eres capaz de confesarle tu amor al chico que te gusta, si eres capaz de lanzarte por un paracaídas, etc, etc, etc.

Definitivamente, esto es algo sin precedente, algo sumamente disgustante. Y no sólo es irritante esta sensación, sino que también pasa a convertirse en uno de los obstáculos más comunes de las personas en su búsqueda por alcanzar el éxito.

Sin embargo, dejando de lado lo negativo que representa la autoduda en nuestras vidas, quisiera compartir contigo 4 estrategias que, personalmente, me han ayudado a salir victoriosa de esos momentos en los que no he sabido con claridad qué debo hacer.

1. Decir: “¡BASTA!”

Cuando esos pensamientos dubitativos en mi contra comienzan a invadirme la cabeza, lo primero que hago es pararlos en seco. Decirles: “¡Basta!”

Una de las mayores ventajas que me trae el hecho de interrumpir estos pensamientos de autoduda, es que evito que se conviertan en una gran bola de nieve que no me deje avanzar.

Si la duda aparece porque desconozco la manera de lograr algo, o porque aún no tengo las habilidades para alcanzar mis objetivos, simplemente me digo en voz alta que aún no estoy acta para llegar a la meta que me he propuesto, pero que desde ese mismo momento voy a empezar a prepararme y lo voy a conseguir.

La autoduda no se puede reemplazar por autoengaño. Simplemente si dudas de tirarte de un punto de 4 metros, cuando jamás te has tirado ni de un trampolín de 30 centímetros, pues no necesitas engañarte haciéndote creer que eres un “berraco” (como decimos en mi país), o un invencible o un clavadista profesional.

Reconocer tu falta de capacidad, esfuma la duda de tu cabeza y te da total claridad sobre el paso que debes tomar a continuación, y el que debes dejar a un lado.

Así que, decirte  “¡Detente!” en tu mente, cuando la duda te agobia, es lo que te permite pasar a la segunda estrategia que te compartiré, y salir victorioso en la situación.

2. Piensa Objetivamente

Esta sí que es difícil…

Cuando la autoduda aparece (sobre todo por temas personales como si uno está atractivo o no, o si sí va a ser capaz de pasar una prueba, etc.), el emocionalismo se apodera del pensamiento y lo lleva a uno a autodegradarse o minimizarse en las capacidades que tiene por dentro.

Y justo para eso, sirve decir “¡Basta!” en principio. Sin embargo, se necesita algo más, y es recurrir a la objetividad y a la racionalidad en la situación.

Volvamos al ejemplo del clavado profesional… Cuando empiezas a dudar de ti mismo y empiezas a tener el conflicto en tu cabeza de “sí soy capaz” y de “no soy capaz”, las emociones te atacan haciéndote sentir mal por no estar seguro en si puedes tirarte o no, a veces hasta hay presión social de los amigos y con mayor razón nos sentimos totalmente mal con nosotros mismos, por no poderles demostrar que de hecho somos capaces.

Si por las emociones nos dejamos llevar, el día terminaría muy mal… Sentirnos mal con nosotros mismos, sentir desanimo para hacer las demás actividades del día, pensar que somos unos idiotas o unos incapaces, ver a nuestros amigos y sentir muchísima vergüenza al punto de querer huir, etc.

Sin embargo, si actuamos rápido para decir “¡Basta!”, y para pensar objetivamente, las cosas pueden ser no sólo muy diferentes, sino muy positivas.

Lo primero que deberías pensar es: ¿He clavado antes?

Si la respuesta es: “No”, entonces no hay nada más que decir… Tu primer clavado en la vida, no debería ser desde 4 metros sobre tierra, o agua más bien 😛

O también si tu respuesta es que sí lo has hecho, pero desde muy cortas distancias y sin tener buenas experiencias, pues es clarísimo por qué estás sintiendo miedo y estás dudando de ti mismo en si eres capaz de tirarte o si no eres capaz.

Por otro lado, si la respuesta fuese que sí has clavado, desde distancias mucho más pequeñas y hasta sólo un poco más pequeñas (por ejemplo trampolines de 30 centímetros, de 1 metro y hasta de 2 metros), entonces puedes saber con certeza que tienes la capacidad para lanzarte de uno de 4 metros, sobre todo si tu supervivencia está garantizada por un buen terreno, personas en el agua atentas a sacarte rápido, etc.

O por ejemplo, si al pensar objetivamente recuerdas que tienes un pie lastimado y has estado como indispuesto de salud los últimos días, pues por más que tengas la habilidad de saltar o que quieras sorprender a tus amigos, no deberías siquiera considerar la posibilidad de tirarte, porque no estás en las condiciones más óptimas para hacerlo, y finalmente podría resultar mal.

Lo que quiero que notes, es lo fácil que resulta decidir cuando pensamos objetivamente. Cuando analizamos nuestras capacidades, nuestras habilidades, nuestras condiciones físicas y mentales, etc.

Y también, algo en lo que deberíamos pensar, es en lo que se trata nuestra tercer estrategia.

3. Mira A Tu Pasado

Revisar las experiencias anteriores de nuestra vida, es algo totalmente útil para desvanecer la autoduda de nuestra mente.

Piensa, ¿Cuántas veces de las que has dudado sobre algo, termina pasando lo malo o lo negativo que imaginaste?

¿Cuántas veces has hecho algo parecido o eso mismo que piensas hacer, en el pasado?

Volviendo al ejemplo del clavado, mirar al pasado es algo increíblemente bueno para saber si podemos lanzarnos o si deberíamos entrenar más para poder hacerlo algún día.

Preguntarte: “¿He clavado antes?, ¿Cómo me fue esa vez que clavé?, ¿Cómo lo hice para que saliera bien o qué hice mal ese día que me llevó a tener una mala experiencia?”, te pueden dar la respuesta respecto al paso que debes dar en esa situación.

Y lo mismo pasa casi en todo lo demás. Si por ejemplo habláramos de que quieres declararle tu amor a una persona, entonces serviría que revisaras tus experiencias pasadas conociendo a nuevas personas, así sea tu primer vez que vas a hablarle a una chica que te gusta, puedes basarte en experiencias que sí hayas vivido como conocer nuevos amigos o amigas.

Piensa en cómo hablaste esas otras veces que conociste nuevas personas y que todo salió bien, qué dijiste, con qué actitud enfrentaste la situación, y todo lo demás.

Finalmente, lo que cuenta es que si lo hiciste antes y salió mal, pues ya sabes como No debes hacerlo esta vez, y a lo mejor te enteres de lo que deberías mejorar para que de hecho todo saliera bien. Si antes hiciste algo relacionado con lo que harás ahora y salió bien, pues entonces tienes un buen punto de partida para vivir una experiencia y que salga todo bien. Y si el caso fuera que vas o quieres realizar algo totalmente nuevo, pues analizar tus habilidades, capacidades y condiciones, te podría ayudar a tener certeza en si de hecho podrías ser capaz de hacer que todo salga bien, o si ni siquiera deberías intentarlo 😉

4. Habla De Ello

Y finalmente, una última estrategia que podría servirte muchísimo, es hablar acerca de tus dudas con personas externas a ti.

Sobre todo cuando se te hace difícil dejar el emocionalismo de lado, podrías hablar con alguien a quien le tengas confianza, que te conozca y con quien tú te sientas cómodo, para que te ayude a pensar si objetivamente debes o no debes hacer algo.

Recuerda: Esta persona a la que acudas, debería ser lo más objetiva posible para analizar las condiciones en las que están envuelto para realizar cualquier actividad 😉

Hablando, no sólo desahogarás tu temor y tu duda, lo cual te hará sentir distensionado y sin ese peso encima, sino que también te da la posibilidad de no estar solo pensando si debes hacerlo o no, sino que contarás con una posición externa a ti que pueda analizar también de forma objetiva si de hecho deberías pensar en actuar.

Y por último, lo único que yo podría decirte es que todo lo que quieras hacer (y que no vaya en contra de las leyes naturales), puedes hacerlo si te preparas bien para ello 😉 Así que anímate a disfrutar la vida, a vivir experiencias nuevas, y a confiar en ti por todas las capacidades que has reunido para actuar.